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21.12.08

LOS PRECIOS EN TIEMPO DE ALAN GARCÍA

Aunque el año pasado las capitales de provincias vieron los aumentos de precios más fuertes, las expectativas parecen estar controladas en la primera mitad del 2008. A julio, la inflación acumulada del año en las 24 ciudades del interior del país se mantenía en un promedio similar al de la variación de precios en Lima Metropolitana.
Entre enero y julio, la tasa de inflación en Lima llegó a 5,79%, mientras que en las capitales de departamento las tasas estuvieron entre 4% y 6% en la mayoría de casos. A julio, la inflación más alta acumulada fue la de Chimbote, con una tasa de 6,22%. Mientras tanto, la inflación más baja de los primeros seis meses se vio en Puno, con una tasa de 3,43%.
En cinco ciudades la variación del primer semestre fue muy similar a la de 4,09% de Lima (Abancay, Ayacucho, Cajamarca, Cerro de Pasco e Iquitos), en la mayoría la inflación semestral fue superior, pero con tasas que variaron entre 4,5% y 6,2%.
Si se considera la estadística anualizada, es decir, la que va desde agosto del 2007 a julio del 2008, tres ciudades mantienen una inflación por encima del 10% (Cusco, Huaraz y Moquegua), otras seis están sobre 9% (Arequipa, Chiclayo, Chimbote, Ica, Pucallpa y Moyobamba) y en otras siete ciudades la inflación es superior a 8% (Abancay, Cerro de Pasco, Chachapoyas, Puerto Maldonado, Tacna, Trujillo y Tumbes). El resto de ciudades muestra una inflación anualizada de entre 5% y 7%, es decir, más cerca del 5,79% reportado en Lima hasta julio.
Valga precisar que la variación de precios a escala nacional, que reporta el INEI a mediados de cada mes, se obtiene en base a un cálculo estadístico que a su vez se basa en los datos de las variaciones registradas en las 24 ciudades de provincias.
Esta metodología ha sido cuestionada por el ex jefe del INEI Félix Murillo, quien ha enviado cartas al Ministerio de Economía, al Banco Central de Reserva y al propio INEI con sus reparos. Básicamente, cuestiona que el IPC nacional no es representativo, como sí lo es la cifra que se obtiene para cada ciudad.
El jefe del INEI, Renán Quispe, defendió la metodología aplicada por su institución y señaló que los 41.000 precios que se recogen cada mes en los mercados de las urbes provincianas sí permiten estimar una variación nacional.
Hasta mayo del próximo año, el INEI realizará 36.000 encuestas de hogares en todo el país, que le permitirán, hacia junio del 2009, aplicar una nueva ponderación en la canasta del IPC. Ello servirá tanto para Lima como para las ciudades de provincias.

El fantasma de la inflación o nuestras primeras palabras*
Quienes nacieron en 1986 crecieron en un contexto en el que las palabras 'apagón', 'coche-bomba' e 'inflación' resultaban tan comunes como oír a sus padres, a la hora del almuerzo, hablar sobre las enormes colas que se armaban en el mercado cada vez que iban a comprar las provisiones de la semana. Y es que estos términos --en especial el de 'inflación'-- crecieron con esta generación, y de hecho fueron algunas de las primeras palabras que oyeron y siempre estuvieron allí, flotando en el aire de la época, formando parte del imaginario colectivo de todos aquellos a los que entonces solo les interesaba patear una pelota (probablemente desinflada).
La presencia de esas palabras siempre fue tácita, tanto así que nunca las cuestionaman --y tampoco nos importaba hacerlo-- su verdadero significado. Las oíamos en boca de sus padres, en la tele, escritas en los periódicos. Sabían que la inflación era mala por los quejidos que sus madres emitían cada vez que volvía del mercado con menos productos que de costumbre. Que todo está caro, que los pasajes han subido, que la inflación se dispara, que tendremos que comer menos, eran frases que ellas repetían con no poca frecuencia y mucho mal humor.
Desde entonces, cada vez que se nos pregunta por la inflación o que salta el tema en una reunión de amigos, siempre recurrimos a la conexión que establecimos de pequeños: inflación igual a incremento de precios de los alimentos, de los pasajes, pobreza, etcétera. Porque díganme, ¿qué joven es capaz de definir con el rigor de un economista qué es la inflación? Creo que nadie. Casi todos --o por lo menos los que nacieron en la década del ochenta -- saben de la inflación por una ligazón que asimilamos durante el primer gobierno de Alan García, una relación que asociamos a un fantasma que desde entonces nos persigue.
Y no es que esta generación sea inculta por no saber qué es la inflación. No debería pensarse eso. Por el contrario, la cotidianidad de esta palabra los hizo cargar con ella, y de una manera vivencial aprendieron su significado: una forma más fácil de asimilar algunos conceptos --sobre todo los más complejos-- y a la vez más difícil de olvidarlos.
Después de 20 años la historia se vuelve a repetir, y a escuchar esta palabra inflación, pero ya no a nuestros padres sino a nosotros, y a vivir en esta incertidumbre, de la alza continua de los precios y a la falta de empleo, pero si vemos a un Alan García, mas maduro, pero como siempre mas incompetente, como en sus comienzos.
REFLEXIONEMOS EL APRA NUNCA MÁS.
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